Creatividad espectacular

En la última clase, que se remonta a hace un par de semanas –antes de la reading week que yo como trabajador no pude disfrutar–, el Prof. Suárez proyectó una buena parte del documental Dans le ventre du Moulin, de Mariano Franco y Marie Belzil sobre el trabajo dirigido por Robert Lepage para el cuadragésimo aniversario de la fundación de Québec, ciudad natal del polifacético canadiense.

Como si del producto de una empresa al uso se tratase, Lepage establece una jerarquía bien estructurada, una planificación meticulosa y se encarga de delegar con total naturalidad las tareas en sus personas de confianza, quienes, por su parte, parecen sentirse siempre de acuerdo en las correcciones e indicaciones que  hace, puesto que supervisa prácticamente todo el trabajo. No existe, al contrario que en el caso de Ferrán Adriá, una distinción clara entre el compositor y los intérpretes, por usar la misma terminología que el chef. Todos los implicados en el proyecto son trabajadores y creadores, todos aportan, la sensación de comunidad e igualdad con el mismo Lepage se palpa desde el principio del documental. Podría pensarse que Lepage no hace nada, que sólo se encarga de dirigir la creatividad de su equipo. Bajo mi punto de vista eso no lo hace menos impresionante. Dirigir a un equipo humano tan extenso y multidisciplinar no debe ser fácil, menos aun teniendo en cuenta la dificultad de mantener la motivación y el entusiasmo entre tantas personas con dedicaciones tan dispares. En este caso, más que ser un discípulo de un gran maestro cada miembro del proyecto aporta su grano de arena y se siente parte del resultado final. Una gestión personal bastante más avanzada que la del cocinero catalán.

Presupongo que es más fácil ser creativo en colaboración que en solitario y no por ello los creadores aislados tienen más o menos mérito. Cuanta más gente rara y ajena tengas alrededor más sencillo será aportar visiones distintas al mismo dominio y ofrecer aproximaciones nuevas e innovadoras. Esto nos permite indagar en el origen de la creatividad, ya que cambiando el contexto de una localidad y proyectándola sobre los contextos de localidades extranjeras o importando éstas últimas al ámbito de trabajo se puede conseguir ver de manera natural cuáles con las piezas que encajan y cuáles no. Este punto de vista de la creatividad orientado hacia la innovación no podría tampoco subsistir sin una fuerte componente de impacto social, aplicabilidad y «reproducibilidad», algo de lo que Lepage parece saber un poco pues está consiguiendo eludir el problema de la autoría de las ideas creando una marca alrededor de su nombre. Una estrategia más que inteligente necesaria como ya han demostrado en el pasado artistas de la talla de Pink Floyd (tuve la suerte de ver no hace mucho el espectáculo The Wall de Roger Waters), Jean Michel Jarre (con su impresionante directo bajo las pirámides de Giza) o incluso el dúo francés Daft Punk que marcó un antes y un después en los lives de la música electrónica.

No sabría decir si la creatividad depende de un condicionamiento estético previo o si lo promueve según el impacto que alcance, en cuyo caso la dinámica del arte estaría más supeditada a la publicidad y la propaganda que a los criterios y juicios de los espectadores o la intencionalidad primera de los autores. El arte es dinámico y cambiante, entonces ¿cómo es posible que me siga conmoviendo casi bajo los mismos términos? Han cambiado las formas, los lenguajes y las manifestaciones pero parece que el resultado final sigue siendo el mismo: transmitir la virtualidad y el estado intencional del artista. A un margen dejo el debate entre cultura e industria cultural, ya que esto último nos condiciona en la sociedad de consumo y nos educa para reaccionar de determinadas maneras ante ciertas obras.

Pero volviendo un poco sobre la descontextualización de lo local, un ejemplo claro de que este hecho potencia sobremanera la creatividad podemos encontrarlo en el dispositivo creado por Microsoft para convertir el cuerpo humano tal cual en un gamepad de su consola Xbox 360 sin necesidad de añadidos o controles externos, el/la Kinect. Prácticamente desde el momento en que el dispositivo salió al mercado fue hackeado (por un español de hecho) y los nuevos controladores libres fueron puestos a disposición de todo aquel que quisiese usar lo que había legítimamente adquirido para un uso distinto del que la compañía que lo distribuye lo había preparado. Creo que ya no es necesario enlazar ni mostrar los trabajos que desarrolladores, investigadores y artistas de todo el mundo están llevando a cabo tomando como base este dispositivo. Tanto es el éxito cosechado que la propia Microsoft ya ha anunciado la liberación de un SDK para hacer más fácil desarrollar y crear con Kinect y la compañía que lo fabrica, PrimeSense, ha dado licencias a otra de las grandes del sector para que distribuya la tecnología en otros entornos, en concreto a través de Asus y un dispositivo al que posiblemente llamen Xtion.

¿Y qué pasa si queremos importar el uso de Kinect a un entorno como el académico? Pues que surgen ideas como las de Élika o Diego. Tomando como base lo poco que sabemos de Rayuella155!, un posible escenario puede ser aquel en el que podamos visualizar un capítulo de la obra, aprovechando que no suelen ser muy extensos, y mediante gestos marcar palabras o conjuntos de palabras con los que componer un mapa mental de lo que se está contando para luego comprobar cómo otros lectores han marcado y efectuado sus propios mapas de lectura. Quizás exista una relación entre alguna de las características de los mapas y los capítulos que previamente han leído, por lo que sería interesante intentar extraer las metáforas que encierran esos grafos y cambiarlas por otras a fin determinar qué está provocando el que distintas personas marquen de formas diferentes el mismo capítulo o si estos mapas dependen de la lectura anterior. Es sólo una idea, ofrecerlo casi como un juego pero que sirva para obtener algún resultado.

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3 Responses to Creatividad espectacular

  1. Hace unos días leía sobre una cosa que unos teóricos locos llaman “artificación” y que definen como el proceso mediante el cual una realidad ordinaria se vuelve extraordinaria y que involucra distintas formas de tratar esa realidad (repetición, exageración, etc.). Lo que más me interesó del concepto fue que, arguyen ellos, puede ser realizado tanto por el creador, como por el expetador. Si les creemos, esa podría ser una idea para entender el dinamismo del arte del que hablas.

    • Eso de la «artificación» también me recuerda a la manera generativa de crear memes unos sobre otros añadiendo pequeñas variaciones pero ganando, en cada iteración, la característica de nuevo. Algo así comenté en mi anterior post, no sabía que hubiese «teóricos locos» que el estuviesen dando una denominación al proceso.

  2. Y según los historiadores de la tecnología, esos memes serían microinvenciones, que terminarían generando una invención completamente nueva. Ya lo dijo Barabasi, todo está “linkeado”

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