De humanistas, crisis y WikiLeaks

En la primera clase de la asignatura El Humanista Digital se discutieron temas salientes de artículos de Stanley Fish, en concreto tres de ellos (todos en inglés): ¿Nos salvarán las Humanidades?, La Crisis de las Humanidades II, Llega oficialmente la crisis de las Humanidades y una review de “The Last Professor”. Sí, es tan apoteósico y tremendista como parece, o más. Además también se recomendó la lectura de los capítulos 1, 5 y 6 de la obra de Jerome Kagan titulada Las Tres Culturas: Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Humanidades en el siglo XXI [en].

Parte I.

Reconozco que no me leí todos los artículos al completo, aunque sí que estuve en la segunda mitad de la discusión y quiero reflejar algunas de mis impresiones respecto a ciertos temas concretos que salieron a colación. Como las dos primeras cuestiones a pensar, y esto es muy importante, pensar, ya que no suele haber una respuesta absoluta, están, por una lado la búsqueda de «argumentos que “expliquen” o “justifiquen” las Humanidades, en cuanto disciplina académica, a partir de la óptica que propone Stanley Fish». Cita a continuación el Prof. Suárez un pasaje del autor: «[…] Si estos o algunos otros puntos de referencia instrumental –instrumental en el sentido de que están ligadas a un efecto secundario y no a una economía interna– son los que deben cumplir con las humanidades, éstas nunca estarán a la altura». Surge con facilidad en esta discusión la idea de la crisis de las Humanidades. Es necesario hacer una distinción importante aquí: cuando se habla de crisis de las Humanidades se está hablando en realidad de la crisis en los modelos de financiación de las Humanidades, en que las universidades están cerrando programas y en que las partidas presupuestarias son cada vez más escasas. Establecido esto, sí, hay crisis, ¿pero por qué? Bien, para contestar a eso debemos siempre tener en cuenta el entorno económico capitalista en que nos movemos. Lo que no es rentable tiende a desaparecer, luego, parece que no se gana mucho dinero con las Humanidades. Se han convertido, como decía una alumna del curso, en un lujo, en un producto para la élite. Posteriormente afirmaba que las Ciencias se estaban «comiendo» a las Humanidades. Quiero matizar esto último. La propia condición recolectora que han tenido las Humanidades al menos durante la última mitad del siglo pasado, le ha impedido moverse con rapidez, ha atrofiado los músculos que le hubieran permitido cambiar, evolucionar y adaptarse. Desde luego esta necesidad sólo es inteligible bajo el marco capitalista, pero esa no es la cuestión (al menos no únicamente). Esta inercia ahora propia de las Humanidades está limitando su capacidad de expansión, se ha recluido en un nicho elitista y niega sistemáticamente las nuevas formas de humanismo. El humanismo de primera, como el que defiende la alumna anterior, impide la aceptación de las nuevas formas, relegando a éstas a un humanismo de segunda, un humanismo nuevo, un humanismo que comienza a utilizar las herramientas que sólo ahora existen. Estas Humanidades digitales provienen en su mayoría del resto de disciplinas, la poca permeabilidad de las Humanidades clásicas ha sido un fuerte freno, pero no el suficiente. Agazapados en su propio grafo de conocimiento y con un crecimiento lento y pesado, están ahora viendo como la tecnología extiende sus caminos hasta los nodos más aledaños, configurando lo que será una nueva era para las Humanidades, las Humanidades Digitales.

Parte II.

Y como segunda cuestión, que tampoco quiero dilatarme demasiado, el debate se centra en una observación hecha por un alumno en clase: “¿cuáles son los argumentos para afirmar que Julian Assange es un humanista? Y, consecuentemente, ¿de qué «humanismo» sería representante?”. Las comillas en humanismo no son mías, sino del Prof. Suárez. ¿Significan quizás que la respuesta puede estar encaminada a que no se trata, en efecto, de ningún tipo de humanismo? Pese a mis limitaciones, mi opinión es clara. Es evidente que todo el fenómeno WikiLeaks está levantando ampollas en el mundo entero, al que no le faltan ni fieles seguidores ni duros detractores. Está poniendo de manifiesto algo que se sospechaba desde hace tiempo: los gobiernos pequeños ceden ante las presiones de los grandes. Como ejemplo más práctico de esto podemos ver lo que pasó en España con la llamada Ley Sinde, homónima de la feancesa Hadopi de Sarkozy. Víctor R. Ruiz expone en tres magníficos artículos: «en 2007 la Embajada americana no está nada satisfecha con los avances en materia de protección intelectual en España, y establece un plan a varios años vista, que requerirá la atención especial de la Embajada y de otras agencias gubernamentales en Washington. El plan consiste en presiones a todos los niveles. El objetivo es que el Gobierno español apruebe primero una ley para avisar a los usuarios que están descargando contenidos con copyright, y en base a la experiencia, apruebe posteriormente la legislación para cortar el acceso. Tienen en cuenta las elecciones de 2008: antes de ellas el gobierno no tendrá margen de maniobra, y tras ellas creen que sólo hay un periodo de un año para la aprobación de medidas impopulares». Todo esto, incluidas las medidas torticeras que se proponen, tiene visos de hacerse realidad a pesar de los cables publicados correspondientes de la Embajada de Madrid (07MADRID2305). Sin embargo, parte de la sociedad española se levantó en contra del engaño. Podemos decir que WikiLeak les permitió alzarse con la razón y la justicia como reclamo. Esto es lo que está generando WikiLeaks, respuesta, respuesta inmediata para aquellos que no quieren ser engañados más tiempo. Pero el trabajo de WikiLeaks no ha sido un trabajo humanista, sino un meticuloso trabajo de captación y (escaso) tratamiento de la información. Ha sido, pues, una tarea del periodismo más puro, del no sujeto a líneas editoriales controladas por entidades y sus intereses económicos. Y la cabeza visible, Julian Assange, no es más que eso: la punta de una organización capaz de seguir funcionando pese a las bajas. Sin conocer cuáles son las aspiraciones y objetivos de la WikiLeaks, sin saber a ciencia cierta si su finalidad es precisamente devolver un poco de justicia y no deshumanizar los valores humanos, sin tener constancia de si entre las metas de la organización está el estudio de los propios datos que revela y los enlaces que está poniendo de manifiesto, el Cablegate se me antoja más bien como una fuente de información cruda, un origen de información anteriormente confidencial pero decisivica. Es, por tanto, algo bien distinto del humanismo.

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2 Responses to De humanistas, crisis y WikiLeaks

  1. El tema de la naturaleza “coleccionista” de las humanidades en la segunda mitad (¿en todo el siglo?) del siglo XX debería ser objeto de discusión de nuevo: ¿qué tipo de problemas y de qué forma los soluciona el uso de listas? Uno de los últimos libros de Umberto Eco, “El vértigo de las listas” (Lumen, 2009), trata del asunto.

    • Quizás era un paso necesario: coleccionar primero, analizar después. Pero la segunda parte de la intención se perdió por el camino, convirtieron el medio en el fin, y es ahora, cuando la tecnología hace fácil la recolección, que algunos humanistas, posiblemente sintiéndose amenazados, se levantan en contra de lo digital.

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